Cultivo aguacatero, serio problema ambiental

REDACCIÓN

La producción de aguacate (Persea americana) en Michoacán, si bien constituye un negocio altamente productivo que genera empleos y riqueza y contribuye a la economía regional, en términos ambientales representa un problema grave pues el cambio de uso de suelo y la erosión debido a la tala así como la construcción de 50 mil ollas de acopio de agua, impide la captación, filtración y almacenaje de agua al interrumpirse el ciclo hidrológico, alertó Alberto Gómez-Tagle Chávez quien en una investigación demostró “… el peligro hidrológico que representa la desmesurada plantación de aguacates”. El aguacate represente un valor de 33 mil 848 millones de pesos anuales, solo en Michoacán.

En el artículo “Los riesgos del agua en el cultivo de aguacate“ de la periodista Paloma Carreño Acuña, publicado el 2 de agosto de 2018 por la Agencia Informativa Conacyt, el científico del Instituto de Investigaciones sobre los Recursos Naturales (INIRENA) de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, afirma que el problema del impacto negativo de este monocultivo en la disponibilidad de agua es verdaderamente grave si se considera que el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera ha revelado que en Michoacán existen por lo menos 158 mil hectáreas de aguacate que han invadido y desplazado una importante superficie boscosa natural de pino.

Pero lo más grave es que “… una hectárea de aguacate con 156 árboles consume 1.6 veces más agua que la de bosque con 677 árboles por hectárea”.

En Michoacán existen diferentes tipos de productores con huertas de unos pocos árboles en media hectárea hasta unidades de producción con más de 150 o 200 hectáreas. Aquí, advierte el doctor en ciencias nicolaita “… el impacto ambiental se hace presente en el tema del agua, porque el cambio de uso del suelo a huertas de aguacate, modifica en forma importante el ciclo hidrológico, aumentando la necesidad por el consumo de agua del aguacate”.

A esta problemática hay que agregar el terrible fenómeno de la construcción de ollas para almacenaje de agua. Se estima que hay cerca de 50 mil ollas de agua o jagüeyes en todo el estado y cada una ocupa un espacio de entre ¼ y tres hectáreas. El agua se

retiene para que los productores dispongan siempre de riego y así producir más y mejor; ese acto interrumpe el ciclo hidrológico, explicó el investigador.

El problema es perfectamente claro: Para sembrar aguacate hay que derribar árboles de pino. Los árboles de aguacate no solo demandan un gran volumen de agua sino que la estructura de sus ramas y raíces impide la infiltración preferencial del agua al subsuelo. La demanda de agua obliga a los productores a una disponibilidad constante del líquido por lo que se retienen grandes cantidades de agua en las ollas que no siguen el ciclo hídrico. “Así de grave es el problema que representa la producción masiva de esta fruta y el cambio de uso de suelo para lograrla”, indicó.

Alberto Gómez-Tagle Chávez reveló que México produce un tercio del aguacate disponible en el mundo y de esta producción 80 por ciento proviene de Michoacán, con más de millón y medio de toneladas. La producción de este fruto se ha visto favorecida aquí por las condiciones climatológicas y las características del suelo en la entidad, que representan el éxito que tiene en el mercado mundial. Este año, dijo, las exportaciones aumentarán 15 por ciento hacia Estados Unidos, sin considerar los envíos a otros países.

El aguacate -también llamado “oro verde”- ha alcanzado una producción con valor de 33 mil 848 millones de pesos, solo considerando Michoacán. Dijo que para satisfacer la demanda, se han observado muchos cambios en el uso de suelo. En la cuenca de Zirahuen, se incrementó mil 600 por ciento la superficie de huertas de aguacate entre 1995 y 2015 y fue corroborado a través de imágenes satelitales y cartografía digital. “Ahora ocupa los terrenos que antes eran milpas y cuando estas se acabaron comenzó la presión a las hectáreas de bosque”, señaló.

Las investigaciones de Alberto Gómez-Tagle en el tema hidrológico datan de 1999, con estudios sobre la infiltración de agua al suelo en la región de Pátzcuaro. En 2004, empezó la línea de investigación sobre hidrología de los bosques, estableciendo una estación de monitoreo ecohidrológico Alto Fresno en 2010 al sur de Morelia. La estación se encuentra en la zona de recarga de los acuíferos de Morelia. Desde hace ocho años miden todas las etapas del ciclo del agua, desde la cantidad por lluvias, cuánta captan los árboles, el escurrimiento, la que se logra infiltrar al suelo, la humedad del mismo, los cambios de nivel en el freático, las variables climáticas, la radiación solar, la dirección del viento y la humedad del ambiente.

En 2016 la investigación se llevó a las huertas de aguacate para estudiar las mismas variables. Y concluyeron que un árbol de pino capta el agua en troncos y ramas, fluye al tronco principal, de allí a la base del árbol y entra al sistema de raíces. Capta 2.4 por ciento del total de la precipitación. Un árbol de aguacate capta 0.017 por ciento porque por la forma en que podan los árboles, el agua no llega al tronco y por tanto no se filtra al suelo.

Los trabajos aquí son financiados con recursos del Conacyt, INIRENA, la Coordinación de Investigación Científica de la UMSDNH, la Comisión Forestal del Estado y algunos productores de aguacate que buscan mitigar los efectos negativos del cultivo.

La conclusión es reveladora, sentenció Alberto Gómez-Tagle: “… el aguacate siempre consume más agua que el pino” e impide su captación y filtración.

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